LA UBP POR EL MUNDO: Stefanía Renzulli en Innsbruck, Austria

Renzulli Stefania en Austria

La egresada de la Lic. en Comunicación Institucional, Stefanía Renzulli, relata su experiencia sobre cómo es la vida en un país tan distinto como Austria y la posibilidad de estudiar allí.

Cuenta sus vivencias como alumna de intercambio del Management Centre Innsbruck (MCI), cómo es el lugar y las costumbres de los residentes del lugar.

 

 

 

Experiencia personal

Desde el momento en el que me llegó la aceptación desde Austria, diciendo que me habían asignado la beca para estudiar en el MCI, empezaron los preparativos. Lo primero que hice fue sacar los pasajes. Las clases comenzaban los primeros días de marzo y concluían en julio, entonces decidí sacar los pasajes para viajar unos días antes del comienzo, para poder conocer el pueblo, el lugar donde iba a vivir y saber cómo moverme en el lugar (conocer las calles y los alrededores a la Universidad). Luego de tener los pasajes, un requerimiento básico para poder sacar la visa de estudiante y una exigencia por parte del gobierno es tener un lugar para vivir en Innsbruck, por lo que a través de la misma organización que me otorgó la beca, conseguí alojamiento en una residencia de estudiantes que ellos mismos me asignaron en base a lo que yo quería (habitación individual con baño privado). Otro requerimiento, a su vez, es contar con un buen seguro de salud que cubra toda la estadía en el lugar. Así que con todos mis papeles fui al consulado de Austria en Córdoba y a los 20 días ya tenía mi visa de estudiante.

El día del viaje fue emocionante. El avión despegó del aeropuerto de Ezeiza y, luego de aproximadamente 15 horas, arribó al aeropuerto de Frankfurt en Alemania, donde tuve que esperar 6 horas para tomar el próximo avión que me llevaría a la ciudad de destino. Finalmente llegué a Innsbruck a las 11 de la noche, donde mi tutora (designada por el MCI) me estaba esperando para llevarme a mi residencia.
Mi habitación estaba vacía solo tenía mi cama, mi escritorio y algunos estantes, no era fea pero necesitaba darle un toque personal, cosa de la que me encargué en las siguientes semanas.Lo primero que me llamó la atención esa noche que llegué fue el frío (hacían varios grados bajo cero) y la nieve… la ciudad estaba blanca y muy bien iluminada, por lo que el primer paisaje que se podía ver, más allá de la oscuridad de la noche, era encantador. Los días que le siguieron a mi llegada fueron de descubrimiento y reconocimiento del lugar, la gente y aquellos que iban a ser mis compañeros de viaje, tanto en la residencia donde vivía como en la universidad.

Vida académica

Lo primero que me llamó la atención de la Universidad fue su infraestructura. Es muy moderna y diferente a los demás edificios de la ciudad (que por lo general mantienen el estilo clásico del lugar). Los ventanales de la universidad le dan una vista privilegiada a los Alpes. Desde adentro, y en la mayoría de las aulas, se puede apreciar una vista preciosa con solo girar la cabeza. Los salones son amplios y disponen de la última tecnología para acompañar el proceso de aprendizaje. Desde afuera, sus vidrios espejados reflejan por un lado las grandes montañas que rodean al pueblo, y por otro, la antigua ciudad en la que se encuentra el MCI. Con respecto a lo académico, el sistema es algo diferente al que conocemos en la Argentina. Los estudiantes pueden elegir las materias que cursan, cada materia tiene créditos específicos que los estudiantes ganan si pasan el curso. El contenido de las materias es siempre teórico-práctico, aunque lo teórico adquiere menor importancia que lo práctico ya que el MCI se orienta principalmente a la práctica (al igual que la UBP). Los profesores se encuentran muy bien capacitados y provienen de diferentes partes del mundo (por lo menos en lo que respecta al semestre internacional). En este semestre, el cursado de las materias no solamente se realiza con los estudiantes del semestre internacional sino también con alumnos normales de la universidad.

Alojamiento

El alojamiento en Innsbruck es un problema para muchos. Se trata de una ciudad de estudiantes, por lo que los lugares se “terminan” muy pronto. La mejor opción es encontrar alojamiento antes de viajar. Para los estudiantes hay dos tipos de alojamientos que son los más comunes. El primero, residencias de estudiantes, donde uno puede elegir tener una habitación compartida o individual. El segundo, son los departamentos, donde uno renta una habitación y comparte el departamento con otros estudiantes. En mi caso, elegí una habitación individual en una residencia, donde tenía que compartir la cocina y algunos espacios comunes como el comedor y sala de televisión, pero en lo general fue muy cómodo. En general lo que se gasta en alojamiento ronda los 300 euros por mes.

Otra cosa a tener en cuenta son las distancias. Mi residencia quedaba a 15 minutos del centro por lo que tenía que tomarme un colectivo todos los días para ir a la universidad o al centro. Esto no es problema ya que el sistema de colectivos es excelente, pero implica gastar casi 2 euros cada vez que se tome 1 colectivo.
La solución para la mayoría de los estudiantes son las bicicletas. Comprar una bici en Innsbruck sale aproximadamente 80 euros, pero es un gasto de una sola vez y te facilita la movilidad por todo el tiempo del intercambio.

El Lugar: Su gente y su cultura

Innsbruck es una ciudad de 250 mil habitantes. No es considerada un pueblo pero tampoco es tan grande como otras ciudades europeas o argentinas. Los medios de transporte públicos facilitan la movilidad, tienen muy buen acceso a todos los puntos de la ciudad. Posee dos centros comerciales (o shoppings) grandes, allí se pueden encontrar todas las marcas más consumidas. En el centro, o “la ciudad vieja” se pueden encontrar lindas tiendas tradicionales y la atracción más conocida de Innsbruck: “El tejado de oro”.

Innsbruck, es una ciudad muy interesante y un gran centro turístico, ya que es un centro de ski muy conocido en toda Europa. Por otro lado, para aquellos que no están tan interesados en los deportes, la misma ciudad con su centro histórico, museos y palacios cercanos ofrece muchos sitios de interés para el turista y para el residente.
Como en toda cultura distinta a la nuestra, las costumbres y los códigos que manejan son diferentes.
Innsbruck es la capital de la cultura tirolesa, por lo que esta se manifiesta en todas sus prácticas sociales: las bandas típicas en las calles del centro, los trajes tradicionales, la comida típica, etcétera.
Otra cosa que llama mucho la atención desde un primer momento es la rapidez del sistema institucional en todos los sentidos. Los austríacos no saben lo que es esperar por resolver algún trámite, no conocen las largas colas o los problemas administrativos o institucionales. La formalidad, la eficiencia y la rapidez en la resolución de tareas priman en las instituciones austríacas, tanto en lo público como en lo privado. Esto también puede ser considerado como una característica cultural.
La gente, por lo tanto, no solo se maneja más formalmente sino también con seriedad.
En lo que respecta a los estudiantes, el ambiente multicultural es moneda corriente en esta ciudad. Se puede encontrar gente de todos los países europeos, como también gente de Estados Unidos, Brasil, Argentina, Bolivia, Tailandia, Japón, China, etc.
Finalmente, en lo que respecta a la alimentación, se puede encontrar todo tipo de comidas, lo único que es muy diferente a la argentina es la carne, ya que es mucho más cara y no tan buena. En total y contando salidas a comer, se gasta aproximadamente 200 euros por mes en comida.

Conclusiones y consejos finales

En mi experiencia en Austria aprendí muchas cosas, entre ellas a vivir de manera independiente y asumir muchas responsabilidades. En ningún momento olvidé que fui a estudiar y a cursar un semestre afuera, representando al mismo tiempo a una Universidad (UBP).  Los meses que viví en Austria fueron y son inolvidables y sin duda quiero repetir la experiencia. Si tuviera que dar un consejo a aquellos que están interesados en vivir un intercambio, lo primero que les diría, sería que se animen. Todos los miedos y dudas se terminan cuando uno pone el primer pie en el lugar de destino. Los meses se pasan volando y cuando uno menos lo piensa, ya está de vuelta en Argentina, por lo que agrego a mi consejo de animarse el tema de disfrutar… disfrutar al máximo la experiencia con todo lo que ello implica ya que nunca es tiempo perdido, es absolutamente ganado en todos los sentidos.

 

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